La Escuela de Doña Lechuza

10 Abril – 17 Abril 2024

La Unión, Antioquia, Colombia

En abril de 2024, las montañas de La Unión, Antioquia vibraron con el canto de las aves y la participación comunitaria gracias a «La Escuela de Doña Lechuza», un proyecto de educación ambiental liderado por la organización sin fines de lucro, Pajariando en las Alturas. Con actividades dirigidas a estudiantes de la Institución Educativa Rural San Miguel Santa Cruz, una escuela primaria, este proyecto destacó por su enfoque inclusivo y creativo, siendo una comunidad donde el arte, la naturaleza y la restauración ecológica inspiraron la generación de impacto entre distintas generaciones.

El proyecto integró también a los habitantes de la Granja Hogar del Adulto Mayor Conchita Osorio, quienes participaron en talleres adaptados a sus necesidades con el apoyo de jóvenes voluntarios estudiantes del último grado del Colegio Nuestra Señora de las Mercedes. Durante los eventos, los residentes pintaron aves, crearon máscaras y compartieron historias sobre especies locales como el Currucutú y la Chicagua. Las lechuzas, símbolos de sabiduría y guardianas de los ecosistemas en la tradición andina, inspiraron el nombre del proyecto y su enfoque en la conexión entre cultura y naturaleza. 

Las clases de Doña Lechuza también llegaron a la Fundación Unión por el Ser Diferente, donde cerca de 20 jóvenes con discapacidad cognitiva tuvieron la oportunidad de participar del taller “Nuestros picos marcan la diferencia”. Los y las participantes de esta actividad realizaron hermosos picos en yeso de algunas aves que habitan en el municipio, mostrándonos que, al igual que pasa con los picos de las aves, nuestras diferencias como seres humanos nos hacen únicos.

El símbolo del proyecto, Doña Lechuza, es un personaje carismático que acompaña a los y las participantes en el viaje de aprendizaje de la historia natural de las aves, su evolución, algunas de sus adaptaciones y la conservación en una forma lúdica e innovadora. Cada taller en su escuela está acompañado con una actividad divertida y táctil para reforzar la lección.

El primer encuentro explica la conexión de evolución entre los búhos y los dinosaurios, seguido por una conversación sobre los búhos que los participantes conocen. La mayoría de personas reconocen rápidamente al Currucutú que alegra las noches con un sonido onomatopéyico de su nombre: “Cuuuuuu-rrucutú.” En el segundo encuentro, “Nuestros picos marcan la diferencia,” los participantes se adentran en el maravilloso mundo de la evolución y las adaptaciones, entendiendo cómo las distintas formas de los picos de aves de diferentes especies tienen una razón de ser de acuerdo con el entorno de cada ave y sus necesidades. En el tercero, se da la oportunidad de aprender sobre la historia evolutiva de las plumas de aves, reconocer distintas plumas y sus partes en un estereoscopio y dibujarlas con muchos colores y creatividad. En el espacio del encuentro número cuatro, Doña Lechuza sensibiliza a los y las participantes sobre la coevolución y las funciones específicas que cada organismo cumple en la compleja red ecológica que constituye los ecosistemas; en este encuentro se habla también sobre conservación y los retos que enfrentan las aves locales, así como lo que la comunidad puede hacer para contribuir con su conservación. 

Los estudiantes de La Escuela de Doña Lechuza también tuvieron la oportunidad de apoyar la creación de hábitat para las aves, sembrando plantas nativas en su propio territorio, a las cuales les pusieron placas con sus respectivos nombres, comprometiéndose con su cuidado para que logren dar refugio y alimento a las aves locales.


El arte es una forma de apropiación del territorio, que, al igual que el avistamiento de aves y la ciencia comunitaria, permite propiciar el reconocimiento y la conservación de la biodiversidad. Con el apoyo del artista Yeison Toro, los estudiantes de la Institución Educativa San Miguel crearon un mural de las aves más representativas de la vereda San Miguel. Con las pinturas de un Quetzal cabecidorado (Pharomachrus auriceps), un Toche pico de plata (Ramphocelus flammigerus), un Frutero verdinegro (Pipreola riefferii) y un Pollo de monte (Sericossypha albocristata), los estudiantes podrán sentirse cercanos a las aves cada vez ellos vayan a la escuela. El arte para reconocer y apropiarse de la biodiversidad también llegó a la Fundación Unión por el Ser Diferente por medio de un mural realizado por la artista voluntaria Beatríz Pérez, quien realizó una obra magistral en la institución, dejando representadas más de 10 especies que habitan en el municipio.

La Escuela de Doña Lechuza no solo logró enseñar sobre las aves, sino que restauró ecosistemas, avivó la memoria cultural y sembró esperanza para un futuro sostenible en una manera divertida, accesible y memorable.

Escrito por Lani Lin-Kissick — lkl34@cornell.edu

Ediciones por Camila Orozco