Connecting with Birds
Festival de las Aves y la Madre Tierra: Una Experiencia de Conservación Comunitaria en Vicente Guerrero, Zaachila
Jóvenes de una comunidad indígena impactada por décadas de contaminación redescubren la magia de su territorio a través de un festival que une ciencia, arte y tradición ancestral.
A las siete de la mañana del 19 de abril, cuando el sol apenas comenzaba a iluminar el bosque de encino en la Agencia Vicente Guerrero, 35 jóvenes, se adentraron en un territorio que, aunque cercano a sus hogares, apenas visitaban.
Durante casi cuatro décadas, la Agencia Vicente Guerrero, una comunidad indígena de escasos recursos en Zaachila, Oaxaca, vivió los efectos de un basurero a cielo abierto. En abril de 2024, el Centro de Derechos Indígenas Flor y Canto A.C., dirigido por Beatriz Salinas Avilés, organizó un festival que buscaría reconectar a la comunidad con su patrimonio natural.
“Nosotros debemos aprender de las aves, de su libertad y la forma en que buscan su hogar”, reflexiona uno de los participantes adultos del festival. “Ellas eligen los mejores lugares y lo conservan, la vida de las aves es una analogía de lo que debemos cambiar en positivo”.
Equipados con la aplicación Merlin Bird ID y acompañados por el biólogo Eugenio Padilla de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), los jóvenes iniciaron una aventura de cinco horas que cambiaría su percepción del lugar que habitan.
El grupo se organizó en equipos pequeños para iniciar el recorrido con el mayor silencio posible, con ubicación de lugares de encuentro y descanso aprovechados mediante explicaciones sobre el tipo de aves que se pueden observar en la zona, así como las características del ecosistema que habitan.
Lizbeth Saraí Martínez de la Red Global de Jóvenes por la Biodiversidad prestó binoculares a los participantes. De pronto, el bosque se llenó de avistamientos: los participantes comenzaron a identificar especies que no sabían que habitaban la zona. Para muchos, fue su primera experiencia en este ecosistema cercano a su comunidad.
Para los participantes fue revelador: “Es otra forma de conocer el lugar que habitas, nos abre la posibilidad de revalorar lo que tenemos en términos de naturaleza y medio ambiente”.
Una semana después, el 26 de abril, las instalaciones de la Agencia Municipal recibieron a 250 personas de todas las edades para el “Festival de las Aves y la Madre Tierra”. Beatriz Salinas Avilés abrió el festival con una ceremonia que incluyó una ofrenda de flores, copal y frutos de la tierra, recordando: “El ser humano no es el centro del universo sino parte del mismo”.
Los acordes de guitarra y las voces de la banda infantil de la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia acompañaron el evento. El foco principal fueron los cuentos escritos por los jóvenes participantes.
“Un mensaje de ayuda”, el cuento ganador de Shunashi Janahi Cruz, explora la relación entre aves y medio ambiente. Karla Guadalupe Méndez Martínez, ganadora del segundo lugar con “El viaje de Osy”, añade: “Las actividades ayudan mucho a los estudiantes pues se combinan con lo que se ve en algunas asignaturas, ampliando sus conocimientos”.
Entre máscaras de cartón pintadas con colores vibrantes, fotografías de aves tomadas por los propios jóvenes, y relatos ancestrales rescatados de la memoria de los abuelos, el festival se convirtió en un tapiz de expresiones que tejía vínculos entre generaciones.
La exposición fotográfica generó un interés considerable. Los asistentes se acercaban a ver las imágenes de aves tomadas por los jóvenes durante el recorrido, descubriendo la diversidad de especies presentes en la región.
Al final de la jornada, se distribuyeron 400 árboles entre los participantes para plantarlos en la escuela y los senderos cercanos.
“El compromiso de las organizaciones, escuelas e instituciones que participaron en todas las actividades y que están dispuestos a sumarse a más acciones de conservación” ha sembrado esperanza de que esta sea solo la primera de muchas iniciativas similares.
Para Beatriz Salinas Avilés, el festival representó “un sentido de mayor compromiso personal con las acciones emprendidas para proteger nuestros espacios verdes, la biodiversidad de la comunidad y renovar el compromiso para seguir exigiendo la justicia ambiental con pleno respeto a los derechos humanos”.
En una comunidad que durante décadas cargó con el peso de la contaminación, las aves se convirtieron en mensajeras de esperanza. Su presencia, antes ignorada, ahora es celebrada como símbolo de que la vida encuentra la manera de florecer incluso en los lugares más inesperados.
Como escribieron los jóvenes ganadores en sus cuentos: las aves no se rinden, siguen cantando hasta que todos aprendemos a escuchar.
En la Agencia Vicente Guerrero, el festival logró conectar a la comunidad con la biodiversidad de su territorio. Los datos científicos recopilados, los vínculos intergeneracionales fortalecidos y el compromiso renovado con la conservación demuestran el potencial de iniciativas que integran educación ambiental, arte y tradiciones culturales.
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